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domingo, 26 de febrero de 2017

Los Bee Gees no eran sólo tres hermanos. Siempre quedaba por contar a Andy, el pequeño, 12 años menor que Barry Gibb, el que desgraciadamente es el único superviviente de los cuatro. 
Andy era como el pequeño Orfeo de la isla. Pero como Orfeo, a Andy Gibb le cambió la vida su propia Euridice, es decir, la 'actriz' Victoria Principal, el amor de su vida. Principal era, recordemos, la Pamela Barnes de la serie televisiva 'Dallas'. De las pocas veces que he hablado de Andy con sus hermanos, sobre todo con Barry, siempre tuve la misma respuesta: "Victoria fue la culpable de la muerte de nuestro hermano".
Andy, en ese momento, era un triunfador. En tres años, había disfrutado de cinco temas en la cabecera de las listas de venta de todo el mundo y se había convertido en el príncipe de los ídolos del pop. Su fortuna se calculaba en 10 millones de dólares y sólo tenía 22 años. Victoria le sacaba ocho, acababa de cumplir 30 y, desde luego, su éxito no era tan generoso económicamente.
Andy se volvió loco de amor por Victoria. Un amor marcado por las muescas de la drogodependencia hasta el punto de que Andy confundía el sexo con los narcóticos. Robin me aseguró que fue Victoria le daba la cocaína de 10 gramos en 10 gramos.
El descalabro artístico supuso el final de la relación de la pareja. En marzo de 1982, Victoria le dijo a Andy que no podía soportarlo y que no lo quería ver más. La malas lenguas hicieron entender que Victoria se había hartado del 'niñato' y prefería a su cirujano plástico y 'proveedor' Harry Glassman. Andy no reaccionó. El cansado Orfeo bajó efectivamente al inframundo. Pasó tres días borracho a punto del coma etílico y su corazón se fue deteriorando por la presión de la cocaína. El ritmo cardiaco de su vida se aceleró hasta un grado insoportable. En su encendida huida con el polvo blanco, Andy comenzó a participar en series de televisión esperpénticas como 'Solid gold' o uno de los últimos 'shows' de Bob Hope. En uno de ellos llegó a perder el sentido y fue trasladado a un hospital barato de Los Ángeles. Fue entonces cuando su madre Barbara decidió volver a entrar en la vida de su hijo Andy, que sólo tenía 26 años y más bien se asemejaba a una especie de piltrafa humana, exageradamente delgado, tibio de cabeza y perdido en un desierto de ideas.
En marzo de 1988, Andy celebró su cumpleaños número 30 en Londres mientras trabajaba en un nuevo álbum. Poco después ingresó al Hospital John Radcliffe en Oxford, quejándose de dolor en el pecho. Murió el 10 de marzo, cinco días después de su cumpleaños. Su muerte por miocarditis (inflamación al corazón), sucedió luego de una larga batalla contra la adicción a la cocaína, la que había debilitado su corazón hasta el punto de morir.
fue enterrado en el Forest Lawn de Hollywood, el mismo cementerio de Michael Jackson. Testigos presenciales en la ceremonia vieron como los hermanos Gibb prohibieron la entrada al coche de Victoria Principal. Como decía Platón en la muerte de Orfeo, los dioses del infierno no le dejaron si siquiera una última aparición de Euridice.


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